Entrevista a Miguel de Zubiría Samper, escritor del libro 'Cómo prevenir la soledad, la depresión y el suicidio en niños y jóvenes'.
CAMBIO 17: ¿Por qué escribió el libro 'Cómo prevenir la soledad, la depresión y el suicidio en niños y jóvenes'?
MIGUEL DE ZUBIRÍA: Porque hasta 1945 el suicidio era una excepción de excepciones, pero viene creciendo sostenidamente en todos los países, sobre todo entre jóvenes de entre 15 y 25 años.
¿Pero hay detrás una motivación personal, específica?
Sí, la pérdida de varios amigos con grandes capacidades y descubrir que lo que hace la diferencia entre los humanos no son las aptitudes, sino las pasiones.
¿A qué se debe el aumento del suicidio?
A que hemos pasado de familias extensas con muchos hermanos y primos, a familias reducidas. Los niños hoy tienen poca capacidad de socialización, no hay quién los dirija regañe u oriente y por eso son personas poco competentes en este sentido. También porque creíamos que el paraíso consistía en una nevera y un armario llenos, pero las evidencias muestran que a mayor abundancia, mayor infelicidad.
¿La permisividad es caldo de cultivo para el suicidio?
Sí. Hoy los papás se consideran buenos en la medida en que les hacen la vida fácil a sus hijos. No se dan cuenta de que están educando a una persona para vivir en un mundo que no existe. Cuando el niño pisa el colegio, encuentra gente egoísta, agresiva, burlona, exigente... y eso genera un contraste muy fuerte entre la libertad del hogar y el maltrato de la vida real. Un niño que hace sólo lo que quiere, se convierte en un inadaptado, la vida se le convierte en una carga y puede llevarlo a la idea de que no vale la pena vivir.
¿Esto quiere decir que no pierde vigencia el famoso dicho 'porque te quiero te aporreo'?
En ese sentido sí funciona. Nunca en la historia de la humanidad los papás habían amado a los hijos. Antes del jipismo, el papel de los papás era formarlos, la crianza estaba basada en obligaciones y deberes. Es una hipótesis peligrosa pero creo que la crianza basada solo en el amor y el cariño es el origen de esta tragedia.
Usted plantea tres causas fundamentales del suicidio: fragilidad, soledad y depresión.
Analicémoslas una por una:
Fragilidad... Es la característica de una persona que no sabe defenderse cuando otros lo agreden. Probablemente es una persona criada por unos papás que no entendieron que su tarea era formar a sus hijos para una vida que la mayoría de las veces no es grata. Estamos formando unos ineptos que no saben tender la cama, comprar algo, cocinar un huevo, hacer las cosas necesarias para la vida.
Soledad... La soledad es la epidemia del siglo XXI, un tema que aún la psiquiatría no ha tocado a fondo. Pero hay que hacer una distinción entre ser solo y estar solo. Estar solo es un estado conveniente para meditar o reflexionar, mientras que ser solo es no poder tener amigos o novia.
Es el fruto de una incompetencia, de ser hijo único, de no haber tenido que compartir, de no haber aprendido a negociar, de ser inepto en el arte más sofisticado que existe: establecer interacciones íntimas con otro ser humano.
Depresión... La depresión significa lo mismo que la soledad pero con una persona muy especial: yo mismo. Es la incapacidad para valorarse, para despertase diciendo: '!Qué delicia vivir con usted!'. La persona depresiva no se quiere ni se aprecia, y si es una persona sola y frágil tiene todas las condiciones para que ante cualquier evento, como perder el año o una novia, una quiebra, o hasta un insulto, dispare el mecanismo del suicidio.
¿Cómo enseñar a un hijo a sortear las adversidades?
Enfrentándolo progresivamente a ellas. Empezando a subir montañas pequeñas antes de la grande, interpretando pequeños minuetos antes de tocar un concierto de Mozart. Eso es lo que no han entendido los papás amorosos de hoy.
¿Las tasas de suicidio son más altas en sociedades ricas y desarrolladas?
La relación es directa: a mayor riqueza, mayor tasa de suicidio. Las sociedades más desarrolladas han roto la familia, han acabado los vínculos con la comunidad y han creado unos estados de bienestar que parecen ser malos. Un estudio extraordinario del psicólogo Martin Seligman sirve de ejemplo. Para su tesis de doctorado, metió 50 ratones en una alberca y anotó el tiempo que tardaban en morir: 45 murieron en las primeras 24 horas y cinco sobrevivieron hasta 72. Seligman no encontró particularidades biológicas en ellos, pero un día el celador del laboratorio le contó algo que le dio la clave: cuando fue a comprar los ratones sólo había 45. El vendedor le dijo que si esperaba un día más le tendría los otros cinco. ¿Sabe dónde los consiguió? En las alcantarillas. Eran los cinco que habían sobrevivido: su particularidad era la adversidad.