El día del maestro – Humberto Mendieta

Había gaseosa y golosina gratis en la tienda, o quiosco, como le llamábamos. Carreras de bicicletas, triciclos y sacos; varas de premio; concursos variados; partidos de fútbol, voleibol y béisbol e inclusive puestas en escena teatrales con trajes de época y caballos de verdad. Era un gran día festivo. No tareas. No clases. Jolgorio total. Los Hermanos Cristianos que regentaban el colegio eran españoles y algunas actividades venían de la Madre Patria. Recuerdo, como un retrato pegado en mi memoria, al célebre e histriónico Hermano Genaro arremangándose la sotana – en ese tiempo, y no fue hace mucho, usaban sotana- para patear bola junto a la muchachada en una de las cinco canchas del fondo, cerca de la Vuelta al Diablo, al final de Barranquilla, donde todo era monte, culebras y patillas que se daban silvestres.

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